Estoy convencida de que nuestra sociedad requiere ser menos violenta, pues desde muy temprana edad vemos que los seres humanos tienen un comportamiento agresivo y para muestra basta el bullying…
Pero, más allá del bullying como comportamiento social inaceptable entre los niños y adolescentes, ¿qué estamos haciendo y qué podemos hacer los padres para evitar esto, o bien, al menos para que nuestros hijos se defiendan?
En el cotidiano me encuentro constantemente con madres y padres que consideran el bullying como “cosa de niños” y que tienen una inmensa resistencia para aceptar que quizá, su hijo o hija, no es tan buena persona, o mejor aún, que es una buenísima persona copiando o reaccionando ante un comportamiento de sus padres.
Quede claro que yo estoy a favor de educar desde la paz y la compasión, pero siendo madre de cuatro tengo un abanico de ejemplos que constantemente me hace cuestionarme hasta donde es posible vivir y hacer la paz en la educación de los niños…
Así, ya no se trata de si en “mis tiempos” había o no había bullying, la resalidad es que siempre han habido víctimas y victimarios y que, cinforme el tiempo pasa, cada uno de nosotros podemos y nos toca jugar ambos papeles, el tema real, es que no es un juego y que tampoco podemos ni proteger, ni rescatar a nuestros hijos tanto como nos gustaría, para evitarles o defenderlos de cualquier mala palabra, cualquier comportamiento mal intencionado o cualquier rechazo, porque no solo resulta imposible, sino que además es dañino…
Es verdad que yo no recuerdo que mis padres me advirtieran demasiado o suficiente acerca del comportamiento de otros niños en la escuela, o de cómo defenderme o no de lo que pudiera dañarme en ese sentido…, pero lo que si recibí sin medida, fue lo siguiente y es lo que uso con mis hijos para que esa sea su principal defensa en el mundo en el que les tocó nacer y crecer…
1. Amor y aceptación: no importa que tan rudo sea el mundo allá afuera, en la casa nos tratamos con amor, eso estoy segura, le suma a los niños cualquier cantidad de auto-confianza y seguridad. El amor que viene de los padres es insustituible y el hogar se vuelve el recinto sagrado y seguro para recibirnos en amor no importa que.
2. No fomentar conductas superficiales: los niños (y los adultos también), necesitan CONECTAR Y ENTENDER el mundo que les rodea. La banalidad y la superficialidad no suma a la vida de un niño, lo confunde y lo funde en el mundo adulto que está lejos de su comprensión. Enseñar a nuestros hijos a ser ellos mismos, darles opciones para elegir, fortalecer su carácter, su seguridad y reconocer su identidad y valor por ser únicos es mas valioso que darles cosas caras que los pongan a competir sin sentido.
3. No tratar a los niños como víctimas: a pesar de que a veces resulta innegable que nos pasan cosas y que a los niños también, es importante enseñarle a los niños que de cada experiencia negativa se puede salir fortalecido, y que es importante no hacer a los demás lo que no nos gusta que nos hagan y nosotros aplicarlo congruentemente en nuestro actuar diario… Los niños deben entender que no siempre podrán llevarse bien o caerle bien a todos los demás niños y aquí es donde se enseña la paz y la compasión hacía otros, eventualmente cada niño será rechazado o tratado mal en diferentes momentos, pero un niño con un carácter fuerte y un corazón sensible, saldrá mejor librado de la situación.
4. No proyectar nuestras carencias: es importante entender que nuestros hijos tienen su propia vida y que eso les representa toda la oportunidad de desarrollarse y florecer en mejores personas cada día. No reflejarnos en ellos para que ellos hagan o digan ciertas cosas es indispensable. Claro que como adultos se supone que tenemos mas y mejores herramientas emocionales para salir y defendernos de ciertas situaciones, pero no debemos pretender que los niños tienen la capacidad de usar esas mismas herramientas si no las han adquirido en su tiempo y momento. Como padres nos toca ser guías, orientar, canalizar y a veces, hasta darle nombre a sus emociones, pero ello no es sinónimo de querer que nuestros hijos reaccionen como nosotros lo haríamos.
A cada niño le toca un ambiente distinto, cada niño se relaciona de una manera única con su entorno: familia, amigos, maestros, naturaleza, cotidianidad…, cada niño tiene su propia interpretación de su sentir y de su actuar y de lo que recibe a cambio del exterior. Nos toca a nosotros los padres estar cerca, estar atentos, estar abiertos y sensibles a sus emociones, a sus palabras, a sus conductas…, nos toca ser guías de ejemplo, actitud y palabra…, nos toca difícil, si, pero no lo es tanto, como a cada padre y madre en todos los tiempos, los niños son nuestra responsabilidad y su actuar también lo es… así que, una conducta violenta, agresiva, mal intencionada…, no es “cosa de niños”, es cosa de adultos, es cosa de todos… A todos nos toca enseñar las herramientas emocionales que logren una convivencia menos violenta entre las personas, es urgente hacerlo, es urgente reflexionar sobre nuestro actuar, no solo se trata de proteger o de enseñar a defenderse, se trata de enseñar a los niños a pensar desde el corazón, desde la empatía, desde el amor, desde el sentido común.
Vamos de vuelta a casa, vamos de vuelta al amanecer, al anochecer, a la hora de compartir la mesa, a la hora de hacer los deberes, vamos de vuelta y revisemos como nos portamos: nuestro saludo, nuestras reacciones, nuestros modales, el respeto y el amor que mostramos a las personas, a lo que hacemos, al caminar, al manejar, al convivir… vamos de vuelta. Siempre podemos hacerlo mejor… Niño ve, niño hace.
Karla Lara
@KarlaDoula
by Karla Lara via Mama Natural - Información consciente sobre embarazo, nutrición, salud, medicina alternativa, maternidad, educación, espiritualidad, sexualidad y belleza, con Claudia Lizaldi y un grupo de expertos.
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