¿Cuántas veces hemos sido testigos de la creatividad que varios individuos a la hora de proponer matrimonio? A veces basta hacer la pregunta clásica mientras él o ella se arrodilla frente a la persona amada; en otras, se requiere de toda una organización durante meses para realizar la pregunta a mitad de un espectáculo, una grabación en un cine o en pleno juego de baseball.
La propuesta de matrimonio se convierte entonces en una serie de requerimientos de amor, donde la esperanza y el compromiso de mezclan como dos ingredientes indispensables. Es decir que el acto mismo no es lo único que importa, también el cómo mantenerlo válido, amoroso, respetuoso y comprometido. Por ello, tomar la decisión de realizar esta propuesta, necesita de una serie de demandas y reflexiones acerca de cómo será vivir el día a día con una persona con costumbres y tradiciones diferentes. En especial cuando, en el proceso, uno de los miembros cuenta con un hijo.
Como lo fue en el caso de Adam Blum, quien le propuso a su pareja, Hannah Roach, a través de su hijo de un año de edad (Jace). Cuando, en marzo, la pareja había planeado una sesión de fotos familiares en Cape Girardeau, Missouri (EE.UU.), a Blum se le ocurrió preguntarle a Roach que si ya había visto la playera que le había regalado a Jace (la cual estaba debajo de su chamarra). Cuando Roach echó un vistazo, la sorpresa fue inevitable: “¿Te casarías con papá?”. Al voltear a ver a Blum, éste ya se encontraba hincado y a nada de realizar la pregunta: “¿Te casarías conmigo?”
by Redaccion via Mama Natural - Información consciente sobre embarazo, nutrición, salud, medicina alternativa, maternidad, educación, espiritualidad, sexualidad y belleza, con Claudia Lizaldi y un grupo de expertos.
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