Quizás nos hemos encontrado con niños que, ante la emoción o la desesperación, interrumpen nuestras conversaciones de manera constante e inmediata –aún si se trata de una conversación importante. Y por tanto aprendemos a recurrir a frases tipo “no interrumpas”, “no te metas en la conversación”, “espera”, “cállate”, etcétera.
Sin embargo, así como nosotros, como padres, hemos aprendido a recurrir a este tipo de frases, los niños también aprendieron a demandar la atención de esa manera. Por lo que, de acuerdo con la premisa psicológica cognitiva conductual, es una conducta que puede desaparecer con otro aprendizaje. Para ello es importante que el nuevo aprendizaje sea congruente –brindar la misma reacción positiva ante la situación– y repetitivo.
Un ejemplo de ello es el caso de Kate de An Everyday Story, quien explica que, mientras estaba platicando con una amiga suya, su hijo de tres años se acercó para decirle algo. En lugar de interrumpir, él puso su mano en la mano de su madre. Él esperó mientras su madre ponía su mano sobre la suya. Luego, cuando ella terminó de hablar, se volteó hacia el niño y le prestó toda la atención.
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by Redaccion via Mama Natural - Información consciente sobre embarazo, nutrición, salud, medicina alternativa, maternidad, educación, espiritualidad, sexualidad y belleza, con Claudia Lizaldi y un grupo de expertos.
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