jueves, 20 de agosto de 2015

¿Cuándo y cómo pujar a la hora del parto?

La fuente se rompió. Empiezan las contracciones. Necesitas apresurar el paso para llegar al hospital (o al lugar donde planificaste dar a luz). El dolor se intensifica e intentas recordar todo lo que libros, doulas o compañeras te recomendaron. Te enfocas en la respiración: inhalas por la nariz, contienes la respiración, exhalas por la boca, contienes la respiración, y así sucesivamente. ¿Cuándo o cómo se supone que debes empezar a pujar?

Si bien el término no hay una definición exacta o tranquilizante en diccionarios médicos, el pujo en el parto se ha asociado con algo agresivo, violento y doloroso. Cuando realidad, se trata de un reflejo natural que se desencadena por presión de la cabeza sobre la musculatura perineal (el músculo elevador del ano), en donde hasta que la cabeza no alcanza el músculo elevador del ano no se debe empujar porque no hay ganas de pujar. Es algo natural que realmente no genera dolor, a no ser que una mujer sin anestesia puje cuando no sea el momento adecuado; es decir, cuando el canal del parto no responda a los reflejos epidurales. El momento para hacerlo es cuando la cabeza está casi en la puerta: “Se recomienda el pujo espontáneo. En ausencia de sensación de pujo, se recomienda no dirigirlo hasta que haya concluido la fase pasiva de la segunda etapa del parto.” Esta fase pasiva se genera desde la dilatación completa hasta que la cabeza desciende por lo menos al segundo plano (la presión en el músculo profundo del periné: el elevador del ano). Para asegurarse de este proceso puedes esperar hasta que el ano abombe con la contracción.

Y dado que el pujo espontáneo es un reflejo, no se puede pujar cuando uno quiera sino cuando uno lo sienta de manera voluntaria e inevitable: “Por eso no hay que aprender a pujar, no se puede. […] Con la epidural no hay pujo espontáneo, hay que hacerlo voluntariamente”.

De acuerdo con María Velo, autora de la Asociación de Comadronas Independientes, para que los pujos dirigidos sean menos lesivos, deben imitar en la medida de lo posible a los pujos espantaneos:

Sabemos que los pujos maternos espontáneos son reflejos y se desencadenan cuando la contracción está alcanzando su máxima intensidad, son cortos, se hacen en exhalación (gritando o con la boca abierta) y además en posiciones que favorezcan la alineación del cuerpo y cabeza del bebé con la salida (generalmente echando la cabeza de la madre hacia atrás, extendiendo el tronco y abriendo el espacio inferior de la pelvis). Por lo tanto, hay que desterrar de las salas de parto es orden de: ‘mete la barbilla al pecho, levantando la cabeza, sin que se te escape el aire, agarrando las barras y abriendo las piernas’. Esto es antifísica-antifisología-antipersona. […] invitaremos a la mujer a colocarse cómodamente y le pediremos que abra bien la boca y grite mientras intenta llevar toda su fuerza hacia la vagina. Si tiene algo de sensibilidad (mala cosa es que la epidural le haya dejado tan dormida la zona que ni note algo de presión), le animaremos a que puje cuando note la presión en el culo, pero ojo, no es como “hacer caca”. Cuando damos a una mujer la orden de “empujar”, su cuerpo reacciona en contracción, apretando los dientes y el suelo pélvico, impidiendo de esta forma que el bebé pueda salir con facilidad. Es una lucha contra una misma. En el reflejo del pujo se contraen abdominales, útero y diafragma con relajación profunda perineal; en el pujo dirigido es muy difícil mantener la relajación perineal voluntariamente mientras se hace una contracción voluntaria abdominal. Por eso hay que intentar desencadenar reflejos respiratorios, llevando toda la fuerza hacia la vagina mientras se exhala todo el aire (la mejor y más efectiva forma de hacerlo es gritando).


by Redaccion via Mama Natural - Información consciente sobre embarazo, nutrición, salud, medicina alternativa, maternidad, educación, espiritualidad, sexualidad y belleza, con Claudia Lizaldi y un grupo de expertos.

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