Quizá todos hemos conocido a ambos lados de la moneda de la educación, donde un profesor nos daba tanto miedo (o flojera) que evadíamos la responsabilidad escolar y preferíamos quedarnos en casa, o tal vez ese otro enseñante que se atrevió a motivarnos para terminar realizando a lo que nos dedicamos profesionalmente. Y es que el maestro puede llegar a tener estas dos representaciones arquetípicas, la de un autoritario aterrador y la de un guía sabio, las cuales tienen el poder de detestar o amar a la vida misma.
Con estos dos extremos, el profesor o la profesora adquiere un papel indispensable en la percepción, comprensión y actitud hacia el mundo que nos rodea y hacia unx mismx. Su existencia se convierte en una guía universal que brindan las herramientas para no sólo adquirir un nuevo conocimiento, también sembrar semillas de curiosidad, motivación y reflexión capaces de cambiar al mundo entero.
La existencia de un maestro es, entre enseñar, demostrar a sus alumnxs que, algún día, ellxs serán capaces de encontrarse en un lugar de enseñanza (como padres, profesores, jefes, líderes…). Y es que su rol principal no sólo se enfoca en dar data teórica acerca de las diversas materias del ciclo escolar, también en proveer un lenguaje del amor en función de los valores que, en el día a día, se expresan como la empatía, la solidaridad, la constancia, el respeto. De este modo, el maestro adquiere, por sí mismo, la eternidad al permanecer en la memoria de sus alumnos por su dedicación. Digamos, una trascendencia.
by Redaccion via Mama Natural - Información consciente sobre embarazo, nutrición, salud, medicina alternativa, maternidad, educación, espiritualidad, sexualidad y belleza, con Claudia Lizaldi y un grupo de expertos.
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